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La tribu Yanomami

La tribu de los Yanomamis.

Los yanomamis viven en grandes casas comunales de forma circular llamadas yanos o shabonos. Algunas pueden alojar hasta a 400 personas. La zona central se usa para actividades como rituales, fiestas y juegos.

Cada familia tiene una hoguera propia donde prepara y cocina la comida durante el día. Por la noche cuelgan las hamacas cerca del fuego, que mantienen encendido hasta la mañana para estar calientes.

Los yanomamis creen firmemente en la igualdad entre las personas. Cada comunidad es independiente de las otras y no reconocen a ninguno como “jefe”. Las decisiones las toman por consenso, normalmente después de largos debates en los que todos pueden opinar.

Como la mayoría de los pueblos indígenas amazónicos, las tareas se dividen según el sexo. Los hombres cazan pecaríes, tapires, monos y un tipo de cérvidos, y a menudo usan curare (un extracto de plantas) para envenenar a sus presas.

A pesar de que la caza sólo produce el 10% de la comida de los yanomamis, entre los hombres es considerada una habilidad de gran prestigio, y todos valoran mucho la carne.

Ningún cazador come nunca la carne que ha cazado. Por el contrario, la reparte entre sus amigos y familiares. A cambio recibirá carne de otro cazador.

Las mujeres cuidan de los huertos, en los que cultivan cerca de 60 tipos de grano de los que obtienen casi el 80% de su comida. También recolectan frutos secos, moluscos y larvas de insectos. La miel silvestre es muy apreciada y los yanomamis cosechan 15 variedades.

Tanto los hombres como las mujeres pescan, y utilizan el timbó o veneno para los peces en los viajes de pesca comunales. Grupos de hombres, mujeres y niños machacan haces de vid que dejan flotar en el agua. El líquido atonta a los peces, y salen a la superficie donde los recogen en cestas. Utilizan nueve especies de vid sólo para el veneno de los peces.

Los yanomamis poseen un vasto conocimiento botánico y utilizan cerca de 500 plantas para comer, elaborar medicinas, construir casas y otros artefactos. Su sustento se basa en la caza, la recolección y la pesca, pero también tienen grandes huertos que obtienen de talar partes de selva. El suelo amazónico no es muy fértil, lo que les obliga a despejar trozos de selva cada dos o tres años.

Cosmogonia de los Yanomamis

El mundo espiritual es una parte fundamental de la vida de los yanomamis. Cada criatura, piedra, árbol y montaña tiene un espíritu. A veces estos son malignos, y atacan a los yanomami y se cree que les provocan enfermedades.

Los chamanes controlan a estos espíritus inhalando un polvo alucinógeno llamado yakoana. A través de su trance visionario, se encuentran con los espíritus o xapiripë. El chamán Davi Kopenawa explica:

“Sólo aquellos que conocen a los xapiripë (espíritus) los pueden ver, porque los xapiripë son muy pequeños y brillan como la luz. Hay muchos, muchos xapiripë, miles de xapiripë como estrellas. Son preciosos, y están decorados con plumas de loros y pintados con urucum (annatto), y otros tienen oraikok, otros llevan pendientes y utilizan tinte negro y bailan de una forma preciosa y cantan de una forma diferente”.

Como es característico de los cazadores-recolectores y de los agricultores nómadas, los yanomamis trabajan menos de cuatro horas al día de media para satisfacer todas sus necesidades materiales. Les queda mucho tiempo libre para el ocio y las actividades sociales.

Son frecuentes las visitas entre comunidades. Se organizan ceremonias para celebrar acontecimientos como la recolección de los pejiballes (especie de melocotón de la fruta de la palma) y el reahu (fiesta funeraria), que conmemora la muerte de un individuo.

Intrusos

Los yanomamis entraron en un contacto continuado con foráneos en 1940, cuando el Gobierno brasileño mandó trabajadores para delimitar la frontera con Venezuela.

Pronto se establecieron allí el Servicio Estatal de Protección de los Indígenas y grupos de misioneros. Este flujo de personas provocó las primeras epidemias de sarampión y de gripe, por las que murieron muchos yanomamis.

A comienzos de los 70, el Gobierno militar decidió construir una carretera a través del Amazonas y a lo largo de la frontera norte. Sin aviso previo, las excavadoras atravesaron la comunidad de Opiktheri. Dos comunidades enteras fueron aniquiladas por completo como consecuencia de enfermedades contra las que no poseían inmunidad.

Los yanomamis continúan sufriendo los impactos devastadores y duraderos de la carretera que introdujo colonos, enfermedades y alcohol. Actualmente, los terratenientes y los colonos la utilizan como punto de acceso para invadir y deforestar el área de los yanomamis.

La fiebre del oro y el genocidio

Durante los años 80, los yanomamis sufrieron enormemente cuando cerca de 40.000 buscadores de oro brasileños invadieron su tierra. Estos buscadores les dispararon, destruyeron muchas comunidades y les expusieron a enfermedades contra las que no tenían inmunidad. El 20% de los yanomami murió en sólo siete años.

Después de una larga campaña internacional liderada por Davi Kopenawa Yanomami, Survival y la Comisión Pro Yanomami (CCPY), la tierra yanomami de Brasil fue demarcada finalmente como “Parque Yanomami” en 1992 y los buscadores de oro fueron expulsados.


Con información de: www.survival.es/indigenas/yanomami